Novelas, Reseñas

‘Una voz escondida’ de Parinoush Saniee

Uno de los puntos del reto Librópatas 2020 me sugería leer a un autor de Oriente Medio y me dio por buscar algunas propuestas de voces femeninas. El título que iba a leer para este punto iba a ser Leer Lolita en Teherán, de Azar Nafisi, que creo que ha estado en todas mis listas de intenciones de lecturas del año, pero finalmente no encontré el momento y lo tuve que devolver a la biblioteca porque alguien lo había reservado (la verdad es que lo tuve sin leer en casa 6 meses, por lo que no tengo excusa). Así que me metí en la E-Biblio y busqué algunas autoras que me salían en listas de recomendaciones varias, hasta que me llamó la atención este título del que no había oído hablar antes: Una voz escondida, de Parinoush Saniee.

Para mandar a alguien a donde se merece, no hay que tener fuerza física, ser mayor o más corpulento; basta con hablar, abrir la boca y decir cualquier cosa que lo ponga nervioso. Esas palabras son poderosas por sí solas. Si las dices bien y en el momento oportuno, pueden herir de muerte y ya no hay necesidad de recurrir a actos vandálicos. Es casi como si los insultos se hubieran inventado para los pequeños y débiles como yo.

FICHA TÉCNICA

Título original: Pedar-e aan digari
Autor: Parinoush Saniee
Traducción del italiano: Carlos Mayor
Editorial: Salamandra
Año de publicación original: 2004
Fecha de edición: Junio 2016
Nº páginas: 272 páginas
Formato: Tapa blanda

Sinopsis: Basándose en el caso real de un niño que no habló hasta cumplir los siete años, Saniee toma el pulso a la sociedad de su país con una historia en la que el silencio cobra la fuerza de un grito de protesta. A Shahab le encanta mirar cómo brilla la luna en el cielo nocturno, silenciosa, como él, que nunca ha pronunciado una palabra. No se trata de una enfermedad, no es mudo, sencillamente ha decidido que el momento de hablar aún no ha llegado. Cómo es natural, todo el mundo lo considera un niño problemático, incluso menos espabilado que los demás chicos de su edad, y cuando la burla y la animadversión hacen acto de presencia, su padre, Naser, no encuentra ni el tiempo ni las ganas de defender a su hijo ni de entender su mutismo. 

COMENTARIO

Al principio de la novela no pensé que fuera a ser para tanto. Estilo directo, frases cortas… Vi en algunas reseñas que la acusaban de poca calidad literaria, aunque para mí tenía todo el sentido del mundo esta forma sincopada de narrar, ya que es algo que he visto muchas otras veces en varias novelas: cuando el protagonista es un niño, se tiende a explicar las cosas como si fuéramos uno. En este caso, el narrador es Shahab unos años después de los hechos que nos explica. Está en una fiesta que le ha organizado su madre y alguien le pregunta por el hombre de una foto. Él no sabe quién es, pero pensando en ello le afloran otros recuerdos a la memoria, y lo acompañamos a su infancia, cuando tenía a toda la familia revolucionada porque a sus cuatro años todavía no había empezado a hablar y nadie sabía por qué.

¿Por qué no habla Shahab? Probablemente es la pregunta que más se plantea durante el libro. Según a quien le preguntes te dirá una cosa diferente, pero la mayoría de sus familiares te dirán que tiene un “problema”, y como los médicos han descartado que tenga nada físico, todos piensan inmediatamente en que tiene algo “mental” y que el niño no es “normal”. Por eso, hablan delante suyo como si no estuviera presente, como si además de no hablar fuera sordo o no entendiera nada de lo que ocurre a su alrededor. Y da lo mismo la cantidad de veces que Shahab se muestre enojado o que reaccione violentamente a injusticias cometidas contra él o a palabras desagradables, siempre volvían a lo mismo.

Para defenderse de este entorno mayoritariamente hostil, Shahab crea un mundo propio con unos amigos imaginarios que representan su conciencia y que le aconsejarán y le guiarán en sus actuaciones. Con ellos sí habla Shahab. Y lo llegué a pasar realmente mal en esta parte en la que Shahab es totalmente incomprendido y busca formas de hacerse notar algo vandálicas, porque no llegaba a ver el límite al que podía llegar. Para que os hagáis una idea, Shahab responde a las injusticias de los adultos como pudiera hacerlo Matilda en el cuento de Roald Dahl, pero el mundo de Shahab no es un cuento, es un contexto muy real, y las consecuencias pueden ser demasiado funestas en comparación.

A través de las palabras de Shahab y algunas intervenciones en primera persona de su madre, conoceremos principalmente cómo es la relación que mantiene con sus familiares: veremos cómo su madre intenta protegerlo pero sin llegar a entenderlo, su padre se avergüenza de él y ofrece más cariño a sus otros hermanos, su familia paterna lo utilizan como entretenimiento o para sus propios fines y finalmente sólo su abuela materna parece comprenderlo y aceptarlo tal como es.

El que escribe su historia tirando de corazón no necesita libros ni cuadernos, y para leerla no hace falta haber estudiado.

Pero lo que más me ha gustado del libro es cómo se refleja a través de la mirada de un niño el estado represivo de Irán y el estatus de la mujer. Como Shahab es el testigo ideal, ya que no habla y por lo tanto no se puede chivar, su prima lo convence para que le acompañe en sus citas con un joven en el parque. El caso es que al haber leído ya Persépolis o El librero de Kabul, ya conocía las formas que tenían las comisiones islámicas más extremistas de evitar la “perdición” de la mujer, así que no pensaba sorprenderme por lo que iba a ocurrir a continuación y ya se veía venir, pero sin llegar a un extremo dramático y explicado todo con la naturalidad de un niño, me llegó a emocionar de igual manera. Además, también se reflexiona mucho sobre el papel de la mujer dentro de la familia y las frustraciones de su madre, que tenía estudios, por tener que dejar su trabajo para cuidar a sus hijos y, sobre todo, por tener que llevar al día las labores del hogar, algo que definitivamente no estaba hecho para ella y que provocaba una insatisfacción que se acababa volcando en su relación con los demás.

“Irán no es un país para las mujeres” dice Amnistía Internacional en un artículo publicado en 2020. Y es que aunque parezca que todos vamos hacia adelante, hay países que recortan cada vez más los derechos humanos de su población, y las víctimas siguen siendo principalmente las mujeres. En este artículo se habla de abogadas y activistas acusadas de “incitar a la corrupción y a la prostitución” por no llevar velo con condenas de años de prisión, latigazos y sus correspondientes abusos de autoridad en pleno siglo XXI. En fin, que no soy una experta en el tema ni pretendo abrir los ojos a nadie, pero creo que es un tema que merece más visibilidad en los medios ahora que todo es coronavirus y política estadounidense.

Parinoush Saniee (Teherán, 1949) tuvo la suerte de nacer en una familia erudita que le permitieron estudiar Psicología en la Universidad de Teherán. Ella misma reconoce que fue una privilegiada y pudo trabajar su tesis doctoral en Estados Unidos, una investigación que convirtió más tarde en la novela que la colocaría en el panorama internacional criticando la situación de la mujer en Irán: El libro de mi destino. Dice que se hartó de escribir estudios estadísticos que nadie leía y le dio forma de novela para visibilizar los problemas sociales de su país, pero sin dejar de lado los datos, la realidad, que le sirvieron de arma contra los censores. En 2016 se tradujo su segunda novela al español, Una voz escondida, en la que explica la historia del pequeño Shahab, basada en un caso real de un niño que no habló hasta los siete años, pero en ella, como os he dicho antes, también refleja la vida de la mujer iraní.

Yo no soy escritora sino investigadora, toda la vida he trabajado como socióloga, como psicóloga y como terapeuta familiar, y me di cuenta de que hay una generación de mujeres que no tuvieron oportunidades y que, sin embargo, lo dieron todo, cargaron con demasiadas responsabilidades: mantener a la familia en medio de la revolución, trabajar fuera cuando faltaba el hombre, perder a sus hijos en la guerra o el exilio. Dieron tanto de sí mismas, sacrificaron tanto, que se olvidaron de ellas. Y me sentí obligada. La mayoría se habían casado entre los 14 y 18 años, sin conocer a los maridos elegidos y cuando su corazón estaba en algún otro lugar, en algún chico del camino al colegio.

VALORACIÓN · · · · · · · · · · 5/5 ★★★★★

A mí me ha roto un poquito el corazón porque incluye tantas historias y tantas emociones… Creo que se nota la formación y la experiencia de la autora como socióloga, psicóloga y terapeuta familiar, porque seguro que ha sido testigo de casos como los de Shahab en los que la incomunicación se convierte en una fuente inagotable de problemas y situaciones indeseadas. Según he visto en varias reseñas, su anterior novela, El libro de mi destino, es aún mejor. Tengo ganas de leerlo, pero dejaré pasar un tiempo, porque últimamente estoy algo sensible con los dramas y creo que me merezco un descanso cuando acabe de leer La octava vida y Los miserables… Es de esos libros que con la cabeza no le hubiera dado las 5 estrellas, lo sé, pero no puedo evitar emocionarme al pensar en el final de este libro que también es el principio, y desear leer de nuevo a la autora. Y eso para mí se merece la máxima puntuación.

✎ Sonia López

4 comentarios en “‘Una voz escondida’ de Parinoush Saniee”

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