Novelas, Reseñas

‘La señora Dalloway’ de Virginia Woolf

Comienzo este #LeoAutorasOct (iniciativa que lleva ya unos años para dedicar el mes de octubre a leer libros escritos por mujeres), con un exponente del feminismo: Virginia Woolf. De todas sus obras, en mi lista del Classics Club añadí La señora Dalloway por ser su novela más famosa (al menos por mí), por influencia de la película Las horas, y porque el argumento me llamaba la atención en su momento. Aprovechando que fue elegida este mes de septiembre como lectura conjunta del Club Pickwick, lo tomé prestado de la biblioteca y… sí, me ha costado más de un mes leerlo.

Clarissa tenía el corazón puro; eso era. Peter la consideraba sentimental. Y lo era. Porque había llegado a considerar que lo único que valía la pena decir era lo que una sentía. La inteligencia era una tontería. Una debe decir, sencillamente, lo que siente.

FICHA TÉCNICA

Título original: Mrs. Dalloway
Autora: Virginia Woolf
Traductor: Andrés Bosch
ISBN: 84-8130-147-7
Editorial: El Mundo, Unidad Editorial
Colección: Millenium, las 100 joyas del milenio, 28
Año de publicación original: 1921
Fecha de edición: 2001
Nº páginas: 192 páginas
Formato: Tapa dura

Sinopsis: “En esta novela, la escritora nos transmite una percepción agudísima del mundo que la rodea. Londres, sus calles y parques y los personajes que los pueblan, de los que no nos limitamos a conocer sus rasgos externos sino los más profundos sentimientos e ideas. Una espléndida radiografía de la psique humana y un espléndido fresco de la sociedad inglesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.”

COMENTARIO

De los aspectos técnicos de la novela más comentados en el club está el llamado “flujo de conciencia”: la manera de explicar de Virginia Woolf lo que ocurre por las mentes de sus personajes, aunque siempre como narradora omnisciente, es decir, no como un monólogo interior. Como otros autores de su época o posteriores, la escritora nos explica más lo que ocurre dentro de cada cabecita antes que lo que ocurre en el exterior. De hecho, la novela nos relata únicamente unas horas del día en el que la señora Dalloway ofrece una fiesta donde estará invitada la crème de la crème de la sociedad británica, un evento que es considerado frívolo o imprescindible según el personaje al que nos vaya acercando Virginia Woolf.

Quizá por este argumento de la fiesta y porque el título me daba a pensar que la señora Dalloway era efectivamente la protagonista de la novela, me esperaba una novela menos intensa. Por varias reseñas, sinopsis o la propia introducción a esta edición escrita por Josefina Aldecoa, creía que asistiría a la crisis de identidad de una señora de 55 años que es visitada por un ex pretendiente que le hace plantear si realmente tomó una buena decisión al casarse con su actual marido… Esto sí ocurre en la novela, pero no cobra mayor importancia que las miserias de muchísima gente que hay a su alrededor, relacionada directa o indirectamente con ella: su marido Richard, su hija Elizabeth, la señorita Kilman -profesora de su hija-, Peter Walsh -el ex pretendiente-, lady Bruton, Sally, familiares varios… Y unos personajes que aparentemente no tienen demasiado que ver: Lucrezia y Septimus.

Es muy importante situar la novela poco después de la Primera Guerra Mundial. El pesimismo, la victoria agridulce de Inglaterra, con sus bajas y las repercusiones en sus soldados, esa descripción del síndrome post-traumático y depresiones varias, de las que seguramente Virginia Woolf hablaba con gran conocimiento de causa, convierte la obra en una especie de agonía. Me ha costado encontrar luz en la novela, porque casi todos los personajes se centran en lo negativo, y cuando alguien hablaba de cosas positivas, me daba la impresión de que se le trataba de forma peyorativa. Esto es quizá lo que menos me ha gustado de la novela: que aunque pasemos por tantas y tantas mentes, ninguna de ellas parecía realmente feliz o conforme con su vida, y si lo era, parece que se la consideraba más simple que a las demás.

Como decía, leyendo datos biográficos de Virginia Woolf (1882-1941) da la impresión de que dejó mucho de sí misma en la novela. Su padre era escritor y su madre, una belleza india, trabajaba de modelo para pintores. Ambos habían enviudado previamente, con lo que Adeline Virginia Stephen convivió con hermanastros de sus relaciones anteriores. Una de sus hermanastras fue ingresada como mentalmente incapaz en un psiquiátrico. En su casa, siempre se vivió un ambiente cultural gracias a la posición de su padre: personajes de la talla de Thomas Hardy, Henry James, Edward Burne-Jones o William Thackeray asistían a las reuniones que se organizaban en su casa, que contaba con una biblioteca envidiable de clásicos y literatura inglesa. Con la muerte de su madre, cuando Virginia tenía 13 años, y la de una de sus hermanastras dos años después, comenzaron sus episodios depresivos y crisis nerviosas, acentuadas con la muerte de su padre. Se dice también que ella y su hermana Vanessa sufrieron abusos de otros hermanastros suyos, lo que habría contribuido al trastorno bipolar de la escritora. En 1912, a los 30 años, se casó con Leonard Woolf, con quien fundó en 1917 la editorial Hogarth Press, que publicó la obra de Virginia (El cuarto de Jacob, La señora Dalloway, Al faro, Orlando, Las oras…) con bastante éxito de crítica y público, y la de otros relevantes escritores, como Katherine Mansfield, T. S. Eliot o Sigmund Freud. Virginia Woolf se suicidó a los 59 años por miedo a no recuperarse de uno de sus frecuentes episodios de depresión.

VALORACIÓN · · · · · · · · · · 2/5 ★★✰✰✰

Pese a entender la relevancia de la novela, sus menos de 200 páginas se me han hecho muy pesadas. El pesimismo de Septimus, la aburrida vida de Clarissa, los pensamientos de Peter Walsh que parecían no acabar nunca… han sido demasiado para mí. Estoy de acuerdo en que se utilizan muy bien sus sentimientos y pensamientos para reflejar la sociedad londinense de entreguerras y las diferencias generacionales, pero me cansaba mucho meterme en la novela cada vez que la dejaba interrumpida en algún punto indefinido, porque estructuralmente el libro es un continuo sin capítulos. Al representar en tercera persona lo que reflexionan y recuerdan sus personajes, me encontraba a veces con repeticiones (cosa que odio) y sobre todo, me parecía que se podría haber profundizado en muchos de los temas que sacaba con pinceladas. No sé si lo que voy a decir es una burrada, pero me da la impresión de haber leído una novela bastante superficial, para tratarse de algo que nace de lo más adentro de diferentes personajes. Quizá simplemente no me ha llegado en el mejor momento para conectar con todo ese pesimismo, pero no le daré más oportunidades. A la autora sí que la volveré a leer, porque tengo Una habitación propia esperando en mi estantería desde hace más de un año… A ver si en la no ficción me cala más.

Sonia López

2 comentarios en “‘La señora Dalloway’ de Virginia Woolf”

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