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150 años de literatura femenina japonesa (II): la preguerra

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Sigo con el recorrido por los últimos 150 años de literatura femenina japonesa que descubrí en el cursillo del traductor Albert Nolla en Casa Àsia el pasado mes de mayo. En la entrada anterior, dedicada a la Era Meiji, os presenté a Ichiyô Higuchi, la mujer que devolvió la pluma a las mujeres tras siglos sin dejar constancia de ninguna obra relevante para los círculos literarios japoneses. Hoy os hablaré de las autoras que destacaron entre 1912 y 1945, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Creo que es imprescindible ponerlas en contexto para comprender mejor su obra, así que como en el capítulo anterior también os haré un resumen de aquello que me llamó más la atención de cada uno de los períodos que se engloban en este momento histórico. 

El Período Taishô (1912-1926)

japan-20sDurante esta época, se vivieron en Japón sus particulares “felices años 20”, con un crecimiento económico continuado, un clima liberal y democrático basado en el sistema de partidos, la aparición de la cultura de masas… y las primeras reivindicaciones feministas, tomando como modelo las que se vivieron en América y Europa.

En los años 20, las mujeres seguían sin poder votar ni participar en política, pero apoyan el movimiento socialista que defendía la igualdad entre hombres y mujeres. Hubo algunos avances tímidos, como su aumento del nivel educativo, el control anticonceptivo, nuevos modelos femeninos como las moga (modern girls, mujeres que siguen las modas occidentales) o las atarashii onna (“mujeres nuevas”, que pueden tener su propia casa sin vivir con los suegros…). Y quizá también se pueda considerar avance que el emperador fuera monógamo (por eso quizá se percibía que era débil, tanto física como mentalmente).

En la literatura, las mujeres siguen encontrándose con muchas dificultades para entrar en aquel mundo masculino. Intentan usar la literatura como respuesta a las restricciones de la Era Meiji en las que básicamente se les exigía ser “buenas esposas y madres sabias”, y ya sea de forma consciente (con literatura ideológica) o inconsciente (expresando en la literatura estética las incertidumbres de las mujeres del momento), todas intentan proyectarse como algo más. Por suerte, en esta época nacen nuevas revistas que permiten que las mujeres puedan leer más y escribir más, creando a veces una literatura exclusiva para ellas que les permite experimentar más allá de las referencias clásicas que os comenté en el período anterior.

El Período Shôwa I (1926-1945)

La primera parte de la Era Shôwa, la del emperador Hirohito, viene marcada por la gran crisis del 29, una depresión económica mundial que afectaría también a Japón. Los militares aprovecharán para tomar el poder político, con fuertes represiones, invasiones a China, Corea… y en este período los escritores y escritoras tenían dos opciones: o estaban a favor del régimen o intentaban oponerse, algo que les supuso la aplicación de la censura e incluso que algunos fueran asesinados por la policía militar.

hayashi-fumikoDe las escritoras que surgen entre 1912 y 1945, destaca por su gran popularidad Fumiko Hayashi (1903-1951), una autora de literatura popular que intentó mantenerse al margen de la política, pero que no por ello silenció a las clases pobres. No sé si llamarlo “el secreto de su éxito”, pero lo que más me gustó de su obra fue que hablara de mujeres de clase trabajadora en un mundo patriarcal con un tono de optimismo y autosuperación que llenaba de dignidad las vidas de las personas más humildes. Con un lenguaje llano consiguió también atraer a un público que acababa de acceder a la educación y eso unido a que a los japoneses les encantan las historias basadas en la propia vida de los autores, le dio la línea a seguir en su obra, combinando la ficción con sus propias experiencias.

La conocí con los primeros capítulos de Diario de una vagabunda, en el que relata su vida intentando ser escritora, sobreviviendo a diferentes adversidades, pasando hambre. De una forma muy honesta pero con sentido del humor, relata cómo ve ella el mundo a través de su propia experiencia, describiendo una incipiente consciencia de la explotación a los trabajadores y de lo que supone ser una mujer sola en el mundo y los peligros que corre por ello. Con esta obra consiguió el éxito, en poco tiempo llegó a vender más de medio millón de ejemplares, alcanzando su objetivo de ganarse la vida como escritora.

En su obra, habla sin tapujos de sus relaciones (un actor que la maltrataba, un anarquista, un ilustrador pobre con el que consigue ser feliz…) y aunque nunca le interesó entrar en temas políticos, la política sí que se interpondría en su carrera. En 1933, por ejemplo, la acusaron de estar suscrita a una revista comunista; después de la guerra fue acusada de colaboracionismo por haber trabajado de corresponsal en China… La realidad era que Fumiko Hayashi escribía sobre lo que le importaba en cada momento. En sus últimos cuatro años de vida fue cuando aumentó la producción de su obra (Crisantemos tardíos, Downtown, Nubes flotantes…) narrando las historias de familias deshechas por la guerra, viudas, huérfanos, soldados que no pueden reincorporarse en la vida social… Hasta el punto de que hay quien sospecha que su muerte fue prematura por haber trabajado demasiado.

220px-Yuriko_Miyamoto_01En contraposición al origen humilde de Fumiko Hayashi, en la misma época tenemos a Yuriko Miyamoto (1899-1951), de clase acomodada con toda la educación a su disposición y que de joven se le despierta cierta compasión por las personas pobres, de manera que se hizo comunista. Su diario Nobuko, es considerada la primera novela feminista japonesa: en ella relata su vida en Nueva York, donde se casa con un profesor japonés siendo ella muy joven y del que se acaba divorciando al ver su relación como una “jaula” desde donde no puede llevar una vida independiente como mujer.

En 1924 comienza una vida en común con una traductora de literatura rusa llamada Yuasa Yoshiko, pero en 1934 volverá a casarse, esta vez con el líder del partido comunista japonés Kenji Miyamoto (de quien tomará el apellido). Evidentemente, en esa época la pareja sufrió persecuciones, fueron a prisión y desde 1941 no pudo publicar nada, hasta el final de la guerra, cuando pudo retomar la escritura. Destacan sus dos relatos La planicie de Banshu (sobre la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial) y Hierba del viento (sobre una pareja que se reencuentra 12 años después e intentan volver a su vida en común), ambos recogidos en el libro Una flor de Satori Editorial, cuyo título viene de otro relato escrito 20 años antes en el que ya se aprecia su fuerza a la hora de defender la figura de una mujer autosuficiente.

011unoDe la reivindicación más potente, pasamos a una escritora popular por narrar amores ilícitos en sus novelas. Chiyo Uno (1897-1996) fue la fundadora de la primera revista sobre moda de Japón: Sutairu (Style). Fue una moga que trabajó de camarera en ambientes bohemios, donde conoció a varios escritores, poetas y pintores. Conocida por sus escándalos amorosos y divorcios varios, consiguió su popularidad como escritora con Confesiones de amor, donde relata su intento de suicidio en pareja con el pintor Togo Seiji, aunque novelizada y explicada desde el punto de vista del hombre. De su estilo, se destaca un tono neutro, espontáneo y sensual, pero siempre capaz de reírse de sí misma, sin quejarse de lo que le ocurra.

Después de la guerra, se centró en el diseño y en escribir novelas sobre historias que le explican para que las narre ella misma, llamadas novelas kikigaki (escuchar y escribir), cuyo máximo representante es Ohan. De las escritoras de la época fue la más longeva, llegando a los 99 años de edad. En las décadas de los 80 y 90 fue colaboradora en varios programas de televisión de moda.

019okamotokanoY para acabar, tenemos a Kanoko Okamoto (1889-1939), una escritora tachada de excesiva, individualista y narcisista, de personalidad fuerte, conocida por su novela autobiográfica La grulla doliente, relacionada con el escritor Ryūnosuke Akutagawa, donde se atreve a insinuar que ella lo hubiera salvado del suicidio. De familia bien posicionada en la sociedad, intentó relacionarse con Junichirô Tanizaki para publicar, pues había sido compañero de clase de su hermano, pero no tuvo éxito. En sus comienzos escribía ensayos budistas sobre el karma y la liberación femenina, pero acabará escribiendo novelas sobre su propia vida. La más intrigante, quizá, sea aquella en la que explica la historia de una mujer cuyo hijo se va a París a estudiar y ella se enamora del estudiante de intercambio que ocupa su lugar… Quizá no fuera tan inquietante si su propio hijo, el artista de vanguardia Tarô Okamoto, no se hubiera ido a estudiar a París…

Como veis, en esta época ya surgen varias voces femeninas, y lo que más me gusta es la diversidad, logrando cada una a su manera defender a la mujer que toma las riendas de su vida. Seguiremos próximamente con más variedad de autoras en la literatura de postguerra y la llamada “nueva literatura femenina” de los años 60, absolutamente transgresora. ¡Hasta entonces! ^^

つづく (Continuará…)

Sonia López

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6 comentarios en “150 años de literatura femenina japonesa (II): la preguerra”

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