Misterio, Novelas

‘Las Catilinarias’ de Amélie Nothomb

Hace tiempo que quería leer algo no autobiográfico de Amélie Nothomb y una visita a la Biblioteca en busca de Kokoro de Natsume Sôseki me hizo encontrar esta novela corta que me recomendó Emma hace poquito y que he ido viendo en varios blogs como el mejor trabajo de la autora: Las Catilinarias. Fue como un anticipo de la iniciativa #LeoAutorasOct a finales de septiembre.

No sabemos nada de nosotros mismos. Creemos que nos habituamos a ser nosotros mismos, pero ocurre lo contrario. Cuantos más años transcurren, menos sabemos quién es esa persona en cuyo nombre hablamos y actuamos.

FICHA TÉCNICA

las-catilinarias-amelie-nothombLas Catilinarias
Amélie Nothomb

Trad. Ana Mª Moix y Concha Serra Ramoneda.
Barcelona: Circe Ediciones, 1997.
Formato: Tapa blanda.
134 páginas.
ISBN: 8477651329.

Sinopsis: Émile y Juliette forman un matrimonio de jubilados que, tras 60 años de vida en común, logran retirarse a la casa de sus sueños. El paisaje es idílico, las expectativas de paz infinitas. Cuando parece que todas las circunstancias son favorables para disfrutar de la jubilación en las mejores condiciones, aparece un vecino siniestro que, cada tarde, les visita a la hora de la merienda. El matrimonio se verá obligado a debatirse entre mantener las mínimas formalidades de educación con él o librarse del pelmazo que comienza a amargarles la vida con su presencia.

COMENTARIO

La novela en general me ha gustado, pero es tan cortita… Creo que se le podría haber sacado más jugo a varios temas.

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1. El matrimonio protagonista. Es una pareja que lleva 60 años juntos y conserva la inocencia de la infancia intacta. El caso es que lo que al principio parece un emparejamiento perfecto, en el que las dos partes siempre están de acuerdo, algo empieza a chirriar cuando aparece en su Casa (en mayúsculas, como la llaman ellos) el vecino impertinente. Dejan de mostrarse como uno solo y surgen las diferencias respecto a qué hacer sobre el asunto. El caso es que aunque él siga viéndola como a una niña, no sabemos lo que piensa ella en realidad. Es un punto de vista que me hubiera resultado interesante descubrir. Una cosa es lo que hablan y otra lo que piensan, y en el caso de Émile lo sabemos porque es quien nos cuenta la historia y quien más tarde o más temprano nos descubrirá un importante secreto. Pero de ella apenas sabemos más de lo que nos cuenta él mismo, y al tenerla tan idealizada creo que el personaje se diluye un poco.

2. Los vecinos. El matrimonio Bernardin plantea muchos interrogantes durante la novela y son quienes mantienen el suspense. ¿Por qué visita cada día Palamède Bernardin a sus vecinos si una vez allí tampoco les propone conversación y pone cara de estar pasándolo mal? ¿Por qué nunca viene con su mujer? ¿Qué espera de sus vecinos nuevos? Es imposible leerle la mente en la primera parte de la novela, y hasta que no llegamos a la segunda mitad, no vislumbramos su profundidad. Bernadette Bernardin hará acto de presencia en la novela generando un punto de inflexión sobre cómo perciben los jubilados a su vecino. La forma grotesca de presentarla se la reservo a Amélie Nothomb. Hay muchas cosas que se han quedado en el tintero respecto a esta pareja, dejándonos solo con las suposiciones de Émile.

La primera catilinaria de Cicerón, pintura de Maccari (1880)
La primera catilinaria de Cicerón, pintura de Maccari (1880)

3. El humor negro. Confieso que tampoco lo leí en mi mejor momento, pues apenas dormí 4/5 horas al día esa semana… pero me sorprendió que a mí, que me suelo reír con bastante facilidad, me daban muchísima pena los personajes que eran víctimas de los comentarios mordaces de Émile y Juliette. La crueldad con la que hablan de sus vecinos a sus espaldas sin conocer nada de sus circunstancias me resultó algo violento. Hubiera sido diferente si las suposiciones del matrimonio fueran certezas, si aquellas situaciones esperpénticas en las que se imaginaban a los vecinos fueran reales, si el matrimonio de jubilados protagonista no se hubiera presentado como una pareja ideal y adorable… Solo ver lo que dos personas así de “buenas” y “educadas” son capaces de guardar dentro… En fin, que me daban mucha pena los vecinos. Tampoco me imaginaba a Émile, como ex profesor de latín, en esa situación en la que se envuelve al final de la novela. De esa profesión sale, por cierto, el título de la novela.

4. La buena educación. Sí me han hecho gracia, por ejemplo, los guiños de Amélie Nothomb a la cultura japonesa. Si los protagonistas hubieran tenido nombres japoneses hubiera entendido mejor la forma de los protagonistas de tratar a su visitante, porque en Japón sí se plantean las normas de la buena educación como inquebrantables. Pero no es el caso y a lo largo de las primeras páginas os juro que no entendía por qué tenían que abrirle la puerta si no querían. ¿Por qué aguantan perder una hora de sus vidas cada día si tampoco el vecino se muestra agradecido por ello? El caso es que entre esa situación que ya se prevé insostenible y el final de la novela, hay todo un abanico de posibilidades que ni se plantean, llegando a ser Émile un protagonista muy extremo en sus actos, algo que por la presentación inicial no me lo parecía. Y eso me resultó, como poco, curioso. Los límites de cada uno están en lugares insospechados, supongo.

5. La moralidad. Es, en realidad, el punto clave de la novela. Me sorprendió que me hubiera pasado tan inadvertida cuando en realidad el libro comienza con una clara referencia a ella. Nothomb explora los límites que ponemos a lo que es moral y lo que no. Muchas veces nos vanagloriamos de hacer algo o no hacer algo porque es o no es moral, pero en realidad actuar como dice el protagonista “con caridad”, no siempre está tan claro que sea justificable. Lo que sí es evidente es que la lectura de esta novela permite abrir un claro debate sobre si el fin justifica los medios y, sobre todo, qué clase de medios.

VALORACIÓN  · · · · · · · · · ·  3/5 ★★★✰✰

Las catilinarias es una buena lectura, de las que te hacen reflexionar y se quedan contigo tiempo y tiempo… pero me hubiera gustado saber algo más de la historia entre los vecinos, por ejemplo. La brevedad de la novela juega a favor (se lee muy rápido) y en contra a la vez (falta profundidad…). La escritora mantiene un estilo parecido al que había visto hasta ahora, aunque esta vez escriba como un personaje masculino, Émile. He de confesar que eso al principio me confundió bastante, porque no me lo esperaba, y las primeras páginas tuve que releerlas porque el orden que seguía el personaje para escribir la historia me estaba liando muchísimo. Pero una vez arrancan las visitas de Palamède y sobre todo cuando da inicio la segunda mitad de la novela corta, es muy difícil dejar de leerla. De todos modos, de momento me han gustado más las obras autobiográficas de Nothomb que he leído (su relación con Japón me fascina), pero creo que leeré algo más ficción de ella, ha sido interesante.

Sonia López

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