‘El Museo del silencio’ de Yoko Ogawa

Antes de dejarlo de nuevo en la estantería para dar paso en el blog a otras lecturas que tengo pendientes de comentar, me apetece explicaros qué tal ha sido mi reencuentro con Yoko Ogawa en El Museo del silencio, un lugar muy peculiar… Este libro forma parte del reto #LeoAutorasOct.

El ruido del martillo impactando sobre los clavos resonaba en lontananza. Allí estábamos, inmóviles, sin importarnos el polvo de ladrillo que caía. Los martillazos sonaban como una fanfarria que diera al museo su bienvenida.

FICHA TÉCNICA

cover_museoEl Museo del silencio
Yoko Ogawa

Trad. Yoshiko Sugiyama y Sergio Torremocha.
Madrid: Editorial Funambulista, 2014.
Formato: Tapa blanda.
395 páginas.
ISBN: 9788494238079.

Sinopsis: Un joven museógrafo recibe el encargo de dar forma a la peculiar colección de una anciana que posee cientos de objetos que aparentemente no tienen nada en común, pero que resultan ser objetos que representan la vida de aquellas personas que han muerto en la localidad de la anciana. Para llevar a cabo ese peculiar proyecto, el museógrafo contará con la ayuda de su jefa, quien le explicará la historia que hay detrás de cada objeto recogido por ella misma; la hija adoptiva de su jefa, cuya delicadeza le permitirá poner en orden el catálogo y sus propios pensamientos; el jardinero, que trabaja a la vez de albañil o transportista; y la asistenta, que ofrecerá siempre su ayuda a todo el equipo.

COMENTARIO

Nadie tiene nombre en el Museo del silencio. Esto es lo que más perpleja me ha dejado de esta lectura, y mira que ya llevo unos cuantos libros en los que desconozco el nombre del protagonista, pero en este me he quedado más boquiabierta porque no sé el nombre de ninguno de los protagonistas ni ninguna de las personas del pueblo que se mencionan. Es más, por la portada y la nacionalidad de la autora, puede parecer que la obra está ubicada en un pueblo japonés, pero nada de lo que se relata en ella indica que así sea: en Japón no suelen picar jamón con queso, por ejemplo, y sería raro que llegara el invierno y que no se refugiaran en un kotatsu, por no hablar de la indumentaria que describe el protagonista que lleva la anciana…

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Ángel del silencio en otro “Museo del Silencio”, una app-web con recorridos por el Cementerio de Valencia.

Lo segundo que me ha impresionado, como no podía ser menos, es la conceptualización de un museo infinito que se dedique a recopilar un objeto que represente a cada una de las personas que mueren en el pueblo de la anciana… Es un punto de partida muy interesante, pero ¿es lícita la forma en la que consiguen los objetos? Los personajes roban a los muertos. Se justifican continuamente pero lo cierto es que no piden permiso a nadie, no avisan abiertamente de lo que van a hacer, lo que inevitablemente provoca sospechas… Como idea de museo me parece muy curiosa, pero la forma de llevarlo a cabo no me acabó de convencer…

En tercer lugar, me ha sorprendido por dónde me ha llevado la trama. Todavía estaba asimilando la creación del museo desde cero, con su catalogación, sus fichas, su conservación, a la vez que se siguen recopilando objetos, cuando se abren nuevos misterios alrededor de los protagonistas: asesinatos, un atentado terrorista, unas cartas sin respuesta, una relación extraña entre la hija adoptiva de la anciana y un monje del silencio… Algunos de estos interrogantes se cierran al final del libro: más de uno lo hace de forma sorprendente, pero en concreto hay un cierre que no me acaba de convencer y creo que podría haberse desgranado un poco más. En concreto esta subtrama de la que hablo debería tener un desenlace emotivo, pero resulta que la autora opta por huír de sentimentalismos y elige un final rápido y contundente…

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Los bistontes, muy presentes en la novela…

El monje del silencio que mencionaba en el párrafo anterior forma parte de una comunidad que tendrá también un papel muy importante en la novela. Los monjes que predican el silencio en la novela van vestidos con pieles de bisontes de las rocas blancas y cada vez que aparece alguno parece que algo está a punto de pasar o descubrirse. Es muy curiosa la relación entre la muchacha del museo y el novicio que todavía habla pero que cada vez condensa más sus palabras hasta llegar el día en el que callará para siempre.

Yoko Ogawa es una autora que me gusta mucho por la delicadeza que desprenden sus palabras. Me gustó mucho La fórmula preferida del profesor y otra historia entrañable similar para mí fue La niña que iba en hipopótamo a la escuela. Siempre hay toques de drama en sus obras, y quizá Los tiernos lamentos debería haberme preparado para una Ogawa más dura y sobrecogedora. Pero finalmente ha sido este Museo del silencio el que me ha hecho pensar que hasta ahora no conocía tan bien como creía a la autora. Al leer su bibliografía sin ningún tipo de orden (este libro es del año 2000 tres años anterior a La fórmula preferida del profesor) no puedo hablar de evolución, pero sí aprecio diferencias muy grandes entre los dos libros…

VALORACIÓN  · · · · · · · · · ·  3/5 ★★★✰✰

Como valoración global, la novela me ha gustado: la trama, los personajes y la relación entre ellos se quedarán conmigo mucho tiempo, sobre todo la anciana cascarrabias que no acepta ningún error en sus empleados pero que a la hora de la verdad se emociona, comprende y perdona demostrando que es humana… Las historias de algunas personas a través de los objetos recogidos también me han gustado mucho. El caso es que en el libro me he encontrado detalles que traspasan la fina línea del mal gusto para mí. Una cosa es tocar la fibra con tabús y destapar temas convulsos… Pero hay ciertos detalles desagradables que me han parecido tratados demasiado a la ligera. O quizá soy yo, que estoy sensible… He leído novelas mucho más traicioneras, en este sentido de narrar cosas desagradables cuando menos te lo esperas, pero creo que nunca lo había visto explicar de forma tan fría y eso es lo que creo que me da más miedo… Pasan muchas cosas en el pueblo y aun así parece todo tan real que cualquier día de estos espero encontrar alguna noticia sobre un museo perdido en el mundo que se dedica a recopilar objetos de personas muertas… Y entonces me echaré a temblar…

Sonia López

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